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Tres "cuentos" sobre la seguridad ciudadana

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Con el asunto de la seguridad ciudadana, hace rato que nos tienen "cuenteados." Se construyen premisas, para enfrentar problemas de criminalidad, que arrinconan la inteligencia. Veamos.

El primer cuento nace, cuando nos dicen algunos que la seguridad es cosa de todos, es decir en el fondo, de nadie. Empero, como todos somos víctimas potenciales de la inseguridad, la inseguridad es también cosa de todos. La seguridad y la inseguridad es entonces, cosa de todos, y al ser de todos, pareciera que se diluye la responsabilidad personal, y la del Estado, y se convierte en una responsabilidad del colectivo.

En mi opinión, la seguridad es mucho más, que una cosa de todos.

Es en primer lugar, una responsabilidad mía. Si como ser individual, yo no soy capaz de cultivar, mantener y defender mi propia integridad física, y moral, difícilmente voy a poder resguardar la seguridad de mi familia, de mis semejantes, de la comunidad, en fin, del colectivo social.

Los costarricenses tenemos que ser capaces, cada uno, al menos de garantizarnos a si mismos, con buenas prácticas y métodos preventivos, nuestra propia seguridad. Por eso me atrevo a decir, que la seguridad es en primer lugar, un asunto mío, es decir de mi propia incumbencia, es una responsabilidad primigenia mía. Es incluso instintiva, puesto que los seres humanos tenemos esa ley, de resguardar nuestra propia vida. Es además un deber ético. Proteger y asegurar nuestra propia vida, es un deber natural y una responsabilidad antropológica.

Pero la seguridad no es tan solo un asunto mío. Es también un asunto del Estado. Es una función esencial del Estado, que justifica su existencia. El uso de la fuerza, legítimamente, para reprimir conductas contrarias a la juridicidad, es una responsabilidad ineludible de la razón de ser del Estado.

Así las cosas, la seguridad como simplemente una cosa de todos, es apenas un cuento. Deja de serlo, cuando se advierte, que la seguridad es también, cosa de cada uno, y cosa también del Estado.

Este trípode es esencial, para elaborar la estrategia de combate, a los problemas de inseguridad, que afectan al país.

Un país que aspire a tener los estándares más altos de seguridad, tiene que formular su política sobre esos tres elementos; a saber la responsabilidad individual primaria, la responsabilidad colectiva, y la responsabilidad del Estado. La seguridad es cosa mía, cosa del Estado, y cosa de todos.

El segundo cuento, que nos venden, con pasmosa falencia analítica, es que los problemas de inseguridad se resuelven con más leyes, especialmente, que sean más draconianas. Le otorgan a la ley un efecto calmante y curativo que no tiene. Por ejemplo, después que se promulgó la ley contra la violencia doméstica, ha habido más casos de ese tipo en el país. Los hombres siguen asesinando mujeres, y las mujeres de vez en cuando asesinando los hombres. El mito de la " legalitis" como solución, no da la talla. Han pasado varios años desde que se incrementaron las penas por homicidios dolosos, y hoy hay más homicidios en la sociedad costarricense.

El tercer cuento, es el que nos dice, que con más policías, bien armados, se resguarda la seguridad de los habitantes. Existe la tentación de llenar el país cada vez, de más policías, y de expandir el presupuesto de seguridad, al punto que por ese camino, podríamos tener algún día, guardaespaldas para cada ciudadano, o al menos, un policía, para cada familia. No obstante el aumento de miembros de la fuerza pública, no disminuye los índices de criminalidad, los cuales se han aumentado, a pesar que ahora, tenemos más policías que en el pasado. Hay países donde los cuerpos de seguridad son muy numerosos, y además bien dotados en términos de tecnología policial, y sin embargo, los índices de criminalidad son mayores que los que exhibe Costa Rica.

Los problemas de inseguridad que vive el país, y que nos estremecen con casos que resultan hasta incomprensibles, por conductas delictivas que exhiben un gravísimo irrespeto a la vida humana, no se curan, solo, ni con más leyes, ni con más policías, ni con meros estribillos efectistas que eluden las causas profundas del problema. Ni el Estado, ni el Gobierno de turno, ni las Municipalidades, son capaces de enfrentar exitosamente la falta de seguridad, mientras sus políticas, deriven tan solo de dichas premisas. Tampoco los individuos por sí y ante sí. Ni las comunidades por sì mismas. Las acciones emprendidas hasta hoy, ni siquiera son aspirinas, quizás, a veces, refugios psicológicos temporales, meros calmantes, ante hechos conmovedores, de una enfermedad social, cuyas causas son mucho más profundas.

Quizás voy a ser muy duro, siempre de buena fe, pero hasta esta fecha, las políticas de seguridad ciudadana han sido un fracaso. La prueba es evidente. Los costarricenses de hoy, tenemos más inseguridad que en el pasado. El volumen y la diversidad, de los delitos que afectan nuestra seguridad, no cesan de aumentar. Los datos arrojan que cada 24 horas hay al menos un homicidio doloso, la tasa de delitos por cada 100 mil habitantes se duplicó entre 1990 y el 2007. En el año 2007 se produjeron 5.719 asaltos que fueron informados a la policía. Todo ello, a pesar que se aumentó, entre el 2004 y el 2007, un 64.71% el presupuesto para gastos en seguridad.

Tenemos entonces un gran desafío. Debemos refundar la política de seguridad ciudadana. De eso hablaremos después.

Walter Coto Molina
26 de agosto del 2008.

 

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Comentarios (1 publicados):

Fraser Pirie el 27 August, 2008 06:02:59
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Don Walter tiene razón en lo que nos comenta en su excelente artículo. Cual es la solución? Yo pensé que deberían de meter unos 10,000 policías más, y unos 2000 agentes de tránsito para controlar los caminos de Pipasa. Con buenos sueldos y muchos motorizados!

Talvez que me lo expliquen que hacer con tanto criminal?

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